EU celebra el 4 de julio de su 250° aniversario como una nación partida por Trump


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| 03 de Julio 2026

El País Periódico Digital

Perritos calientes, fuegos artificiales, helado, unas cervezas junto a la barbacoa... y sobredosis de Donald Trump. El 4 de julio tiene sus rituales en Estados Unidos, pero esta vez un protagonista impuesto, el presidente de un país que este sábado celebra su 250° cumpleaños, está listo para alterar el guion dramáticamente con su presencia.

El 4 de julio de 1776, 56 delegados de las 13 colonias adoptaron, reunidos en Filadelfia, la Declaración de Independencia que habían firmado en realidad dos días antes. Con ella, rompieron vínculos con la corona británica y se conjuraron como una república en la que los reyes nunca tendrían cabida.

Este 4 de julio, Trump, que en su segunda presidencia está tratando de acumular poderes de tintes monárquicos, ofrecerá un largo mitin para subrayar el aniversario redondo, que quiere convertir en una gran fiesta de sí mismo.

Será el cuarto acto electoral en menos de 10 días que ofrece el inquilino de la Casa Blanca más locuaz que se recuerda, tras el que protagonizó para inaugurar la Gran Feria Estatal que se celebra estos días en Washington y los dos de esta misma semana: uno con motivo de la apertura, el miércoles, de la biblioteca presidencial de Theodore Roosevelt y otro, este viernes ante el Monte Rushmore, con las caras de Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, George Washington y el mismo Roosevelt esculpidas en la roca.

El del miércoles pasado fue en Medora (Dakota del Norte), y allí Trump prometió que el mitin del sábado, previsto para las 21.45 (hora local), será “un discurso realmente largo”. No le importa que el termómetro vaya a marcar a esas horas de la noche “107 grados [Fahrenheit, unos 41° centígrados]“, porque la adversidad le servirá al que parece su propósito fundamental, “demostrar” que puede “hacer lo que quiera”, dijo.

Pero esta vez la bravata preocupa a médicos y meteorólogos. Los organizadores de los festejos del 4 de julio en el Mall de Washington decidieron este jueves retrasar un par de horas el límite para pasar por las “extraordinarias medidas de seguridad” exigidas para entrar al recinto, además de permitir, en mitad de una ola de calor histórica en la costa este, el acceso con botellas de agua vacías, siempre que no sean de metal. Prometen “puntos de hidratación“ y recomiendan ”buscar la sombra” y evitar “largas exposiciones al sol” durante un programa que incluirá música, más de 20 sobrevuelos de aviones del ejército que este viernes hicieron pruebas sin parar y un puñado ceremonias de revisión de tropas antes de que Trump hable. La fiesta terminará con los fuegos artificiales sobre el Mall, que nunca empezaron tan tarde. Gastarán más pólvora que nunca y batirán récords de duración.

Como con todo lo que monta Trump, el foco estará puesto en la asistencia. La feria levantada por la organización público-privada Freedom 250, con la que la Casa Blanca reemplazó a otra, America 250, creada por el Congreso, está siendo un fracaso de público, por más que se empeñen el presidente y los locutores de Fox News, que llevan toda la semana retransmitiendo en directo desde el lugar las pruebas en tiempo real. En ningún momento del día se ve tras ellos otra cosa que una gran e inmaculada pradera semivacía.

Mitin MAGA
La ceremonia de ir al Mall a ver los fuegos el 4 de julio está profundamente arraigada en Washington, pero no está claro cuántos vecinos de una ciudad abrumadoramente demócrata querrán honrar la tradición esta vez, en la que el ritual incluye un mitin MAGA [el movimiento trumpista de Make America Great Again], cuyo orador ya ha advertido de que no piensa ahorrarse la carga política, y del que tampoco se esperan demasiadas sorpresas. Salvo que cambie mucho el guion, cualquiera que siga sus intervenciones públicas podría apostar y ganar en un mercado de predicción cuáles serán los temas que tocará e incluso el orden en que lo hará.

La capital está, por lo demás, llena de turistas. Hay gorras de Make America Great Again y jubilados vestidos con pantalones cortos y camisetas con el motivo de la bandera estadounidense. También los hay que se niegan a dejar que el presidente secuestre una fiesta a la que sus compatriotas llegan con el ánimo decaído, según indican varias encuestas aparecidas en las últimas semanas. Una de ellas, de Gallup, concluye que ocho de cada diez estadounidenses consideran que los Padres Fundadores no estarían orgullosos de lo que sus descendientes hicieron con la república. Otra dice que un 59% piensa que los mejores años de la nación quedaron atrás.

Pero sería injusto culpar exclusivamente a Trump de esos números: la responsabilidad de que el país esté partido en dos es de ambos lados del espectro político. Tampoco ayuda que este aniversario (semiquincentennial es el palabro en inglés que lo define) sea el primero redondo que se celebra con el poder de Estados Unidos en el tablero global en retroceso. La celebración del Mundial de Fútbol está contribuyendo al menos a levantar un poco el ánimo, y también el orgullo patrio. No solo por los éxitos de la selección; los periódicos se han llenado estos días de historias un tanto naífs de extranjeros maravillados porque las habitaciones de los hoteles sean tan espaciosas, por lo sabroso de la comida (basura) o porque descubrieron que el excepcionalismo americano tal vez sea la omnipresencia del aire acondicionado.

Más allá de Washington, el 4 de julio se celebrará por todo el país, con especial dedicación en Filadelfia, donde sucedió todo en 1776 y este viernes suspendieron un desfile por las altas temperaturas; Boston, ciudad de ecos revolucionarios; y Nueva York. El río Hudson acogerá este sábado por la mañana una demostración de grandes veleros que guarda similitudes con uno de los actos centrales del bicentenario, celebrado en 1976, en un país también dividido. Aquella fiesta pasó a la posteridad, siempre un tanto simplificadora, como un trascendental momento de unión de las dos Américas, pero pocos confían en que algo así vaya a pasar esta vez.

Entre tanto, centenares de pueblos y ciudades de Estados Unidos se sumarán también a la fiesta, aunque con menos ambición de la prevista. Muchos de ellos contaban con los fondos federales para montar desfiles, lecturas dramatizadas del documento fundacional o conciertos de la música que se escuchaba en tiempos de las colonias. Esos planes se han visto afectados por la decisión de Trump de recortar 100 millones de dólares como parte de su plan de reescritura de la historia de Estados Unidos a base de arrinconar asuntos incómodos como la esclavitud o el genocidio indígena.

La profesora de Historia Pública de la American University de Washington M. J. Rymsza Pawłowska confía en el ímpetu de las autoridades locales y de los aficionados para que este aniversario sea recordado por algo más que por las actividades en torno a Trump, que para celebrarlo, además de mítines, ha montado un servicio evangélico multitudinario en el Mall, un rodeo, un combate de artes marciales mixtas en la Casa Blanca o una carrera de coches en Washington.

La culminación de ese programa llegará este sábado con otra demostración de culto a la personalidad sin precedentes. Promete ser una fiesta que, como todo lo demás, parece inspirada en una fe ciega de Trump en la famosa cita de George Orwell: “Quien controla el pasado, controla el futuro. Y quien controla el presente, controla el pasado”.

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