EL DESECHO DE UNOS, EL TESORO DE OTROS: BAZAR DE ANTIGÜEDADES EN VERACRUZ


| 20 de Julio 2014

Redacción Crónica Veracruz

Veracruz, Ver.- Bajo una carpa sobre el paseo Martí se puede encontrar lo mismo unas raquetas viejas de tenis y ropa usada, que una máquina de coser Singer de la bisabuela de alguien. Es un bazar de antigüedades y cosas usadas que sobrevive, a pesar del rechazo que  de la gente hacia estos espacios en Veracruz.

Ana María Gutiérrez de Velasco decidió promocionar su bazar en el "Cassavazar" que se realiza este fin de semana en Martí, sin embargo su oficio de venta de objetos seminuevos o usados inició hace un año. Asegura que ella no busca los productos, sino que llegan solos.

"Tuve que quitar una casa y otra casa, luego otra tía me dijo <<Quita mi casa>>, entonces abría los fines de semana y comprendí que nunca se me acababan las cosas, vendía y más (...) dije <<entonces esto es negocio>>, y comencé a abrir todos los días", comentó la señora.

Explicó que su trabajo consiste en ayudar a la gente que busca mudarse de casa y no desea llevarse todos sus bienes, "a desmantelar" sus propiedades. Los objetos que se le quedan, son a consignación. Una vez vendidos entrega el dinero conseguido a los dueños.

Ana María se mueve entre muebles de tiendas comerciales en liquidación, ropa seminueva, cuadros de pintura diversos, tapetes, electrodomésticos, sillas, comedores. "Hay de todo", apuntó.

En esta ocasión decidió mostrar unas acuarelas con paisajes europeos, un cuadro casi de su estatura de origen cubano y con la imagen de dioses orishas, además de un acordeón antiguo y un espejo con decorados de marfil, de estilo tailandés.

Lo antiguo se mezcla con lo nuevo, lo exclusivo y especializado con objetos comunes. La congeladora de unisel de 30 pesos que estuvo en alguna cochera, junto a los cuadros de escenas francesas de 150 quitados de la pared en alguna casa a cuadras de la playa.

La vendedora explicó que muchas de las personas venden sus objetos, a pesar del valor sentimental que tienen para ellos, debido a problemas económicos.

“He aprendido con mi negocio, si tú tienes apego a las cosas y ese mueble que me traes es de tu abuelita y lo quieres mucho no me lo dejes porque entonces sienten que yo les estoy robando”, comentó, recordando que el apego dificulta ponerle precio justo a las cosas.

Su bazar ha sobrevivido un año en la calle Primero de Mayo, entre Uribe y Azueta, gracias a la publicidad en internet y folletos comerciales. Sin embargo, la gran barrera, aseguró la señora, es el pensamiento de que ir a un bazar es vergonzoso.

“El paradigma que tiene la gente todavía de ira  comprar cosas usadas, no lo brinca, le da pena. Ir a un bazar <<qué pena, quién habrá usado esto, guácala>>. Entonces esa es la barrera que tengo yo”, indicó.

Los precios varían dependiendo del objeto, desde 20 pesos, 100, hasta 5 mil pesos. Éstos últimos son los más difíciles de vender, pues en su mayoría la gente que acude a los bazares es de bajos recursos, explicó Ana María.

Además de su bazar, los establecimientos de objetos viejos, antigüos y semiusados sobreviven en la conurbación, en el centro de Veracruz o en las colonias, para todos los gustos y bolsillos.

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