Eric Patrocinio Cisneros Burgos sueña con el cuento más corto del mundo.
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí», narra el microrrelato de Augusto Monterroso.

Y es que el cuenqueño avecindado en La Paz, Baja California, pensó que lanzar su espada en prenda bastaba para que se fuera por propio pie el fiscal Jorge Winckler.

El cuento del guatemalteco es una pesadilla cotidiana para quien cobra como encargado de la Secretaría de Gobierno en Veracruz.
Winckler no sólo se quedó; sigue pitorreándose de la 4ª. T.

Los recursos de lobby o cabildeo interno, no le alcanzaron al número dos del organigrama estatal para expulsar al odiado Winckler del paraíso chairo.
En plena entrega de denuncias penales contra 77 yunistas que no quisieron irse con su patrón y se quedaron enquistados en la nómina de la SEV, quebrantando al erario con más de 5.5 millones de pesos al corte de marzo, Zenyazen Escobar García fue notificado, in situ, que tenía una investigación ministerial abierta por la toma del Congreso de Veracruz en los estertores de la LXIV Legislatura pasada.
La acción fue una bofetada al rostro de bronce del secretario de Gobierno. Winckler no se va, por el contrario, les clava una daga a los morenistas que siguen arrinconados por un solo hombre.

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