Foto: Raúl Pérez/ Proceso

Por Édgar Hernández

Quién está atrás de la violencia recrudecida en Veracruz desde que Fidel anunció su regreso… ¿Fidel o Fidel?

Todo un debate se ha generado tras las inopinadas afirmaciones del gobernador Miguel Ange Yunes en torno a la percepción que guarda la ciudadanía sobre la imparable escalada de violencia y muertes.
Se metió en una camisa de once varas que ahora ya mismo no sabe cómo salir de él, particularmente por la polémica generada a su entorno en donde escupe para arriba al desdeñar que ganó la magistratura gracias a la percepción del votante de que llevaría a la cárcel a Javier Duarte y cómplices, que finalmente no ha sucedido, pero de que la percepción se dio, sin duda.
En el mundo mágico de la política en donde la política misma se mueve más que por las circunstancias, por los afectos, bien vale remitirse a las grandes páginas de la historia donde la percepción marca un hito en el rumbo de la humanidad.
En la segunda guerra mundial queda muy clara la percepción de que Adolfo Hitler es un genocida. Pruebas al fin del conflicto bélico demostrarían su autoría en el exterminio de seis millones de judíos u consecuente confirmación de la percepcion.
En España, más recientemente, el atentado de Atocha, en la estación de tresnes de Madrid que dejó 199 muertos, del 11 de marzo de 2004, dio lugar a que el PSOE ganara las elecciones, al crearse la percepción de que el Partido Popular en el gobierno forma parte de una trama de ETA y el islamismo radical de la cual el PSOE se beneficia indirectamente.
Y es que de no haberse producido el bombazo, Mariano Rajoy hubiese ganado la presidencia, fue un asunto de estado.
Más local.
En 1994 fue asesinado Luis Donaldo Colosio de cara a la percepción de que fue un crimen de estado preparado desde la misma cúpula salinista. Nadie creyó la teoría del asesino solitario.
En el mismo sentido se movió la percepción ciudadana de que el PRI es tan corrupto que en el 2000 merecía perder y terminó votando por Vicente Fox, que a final de cuentas resultó un fracaso… pero ese es otro tema.
El tema de la percepción ciudadana es tan amplio como la imaginación. Lo es el asunto del “Bronco”, quien por una torpeza jurídica de su Fiscal Anticorrupción, colocó como víctima al raterazo ex gobernador Rodrigo Medina.
A Fidel Herrera, como el mismo dice “¡A mí que me esculquen!” en defensa de su honestidad y patriotismo con que sirvió a Veracruz, pero la percepción es que es un transa, que nos heredó el peor de los males y que se disputa el liderazgo del peor gobernador de la historia con Javier Duarte.
En fin, muchos ejemplos más se pueden dar en torno al uso y costumbres de la percepción, pero sin duda, innegable desdeñarla para minimizar el tema de la inseguridad pública que por estos días azota a Veracruz.
Acaso por ello tienen razón quienes señalan que no es lo mismo ser borracho que cantinero tratándose de temas de gobernabilidad. Acaso por ello la desesperación declarativa cuando el último mes más de 200 veracruzanos han sido acribillados a lo largo de nuestro territorio. Acaso por ello minimizar argumentando el robo de Coca Cola y delitos nimios. Acaso por ello el grito popular de que ¡Regresen los rateros y se vayan los pendejos!..
Y es que las primeras diez semanas del nuevo gobierno se han hecho eternas.
Ha sido tal el caudal de acontecimientos mediáticos que se ha perdido la frontera entre el prometida promoción del empleo –que más parece lo contrario- el desarrollo en infraestructura –solo unos cuantos pesos le han dispuesto-, la vivienda para un mayor número de veracruzanos –solo remitida a una declaración que más parece grilla del titular de Infonavit- y el rescate de la atención para la salud –concretizada en una demanda a Fidel, Javier, cinco secretarios de salud, subsecretarios, directores generales, jefes administrativos y hasta el barrendero de parte del gris secretario de salud cuyo nombre se ignora- y el descabezamiento de 10 mil empleados de gobierno –todos aviadores del Duartismo a los ojos de la Yunicidad-.
Y como colofón la nueva jornada electoral para renovar las 212 presidencial municipales antes de cien días en donde el denominador común es el proselitismo de los hijos del gobernador: Fernando por la alcaldía porteña y Miguel por la gubernatura.
Es aquí que regresamos al punto de partida objeto de esta columna política, la percepción.
Entre el ánimo ciudadano y para decirlo con más propiedad, en el imaginario colectivo –el veracruzano- existe la percepción que el señor gobernador apoya a sus hijos para que hereden el poder de ahí que -regresamos a la percepción- de que ante la burleta ciudadana, será Morena con Cuitláhuac, quien se lleve la gubernatura.
Y que conste, solo son percepciones inaceptables para Yunes Linares y muy permisivas en el caso de Fidel Herrera donde la ciudadanía guarda la percepción de que es el autor intelectual de la violencia que azota a Veracruz… cuestión de percepciones.
Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

DEJANOS TU COMENTARIO