No Se Aceptan Devoluciones. No importa, yo la devuelvo.
Uno como crítico debe saber medir cómo se expresa de las películas que no fueron de su agrado. Sobre todo hay que mantener un cierto nivel de objetividad y no limitarse únicamente a los aspectos malos, pues de un modo u otro, todo trabajo cinematográfico tiene puntos a favor y puntos en contra, sin embargo, películas como No Se Aceptan Devoluciones ponen a prueba esta responsabilidad.
Eugenio Derbez ya antes había protagonizado películas mediocres y de mediana recepción, La Misma Luna y No Eres Tú, Soy Yo habían dejado ya claro que su talento actoral en la pantalla grande es escaso, pues cuando no reproduce las fórmulas que lo hicieron reconocido en la televisión, simplemente es un monigote acartonado con un mínimo dominio histriónico.
Este año, su nueva película no solo reitera lo ya sabido, sino que además nos informa que la dirección es otro aspecto en el que fracasa estrepitosamente. Desde su incapacidad para construir historias originales, generando lo que más parece un pastiche de sus diversas influencias cinematográficas que un verdadero producto original, hasta su pésimo manejo del lenguaje cinematográfico y el ritmo.
Lo que tenemos ante nosotros es una mezcla extraña de tramas y personajes de Adam Sandler (referenciado por cierto en la película) principalmente identificados en Un Papá Genial y el protagonista de Como Si Fuera La Primera Vez, con el juego imaginario de La Vida Es Bella y El juicio de Kramer VS Kramer . El resultado es una combinación de chistes mal insertados, que más bien parecen arrancados de una más de sus rutinas cómicas por televisión que una película y un drama sentimentaloide que explota el melodrama más básico imaginable.
La trama es sencilla, por no decir simplista. Un hombre que lleno de temores, mujeriego empedernido, pero eso sí, de gran nobleza y corazón, recibe la inesperada visita de una mujer con la que alguna vez tuviera una aventura llega a verlo con el único propósito de dejar a la hija que tuvo tiempo después de estar con él. Al darse cuenta de que estaba atrapado con la niña, Valentino (el personaje de Derbez) decide viajar a USA para regresarla, sin contar con que en el camino se enamoraría de ella, hasta que 7 años después, la madre regresa a buscarla.
No es difícil reconocer los motivos por los que gran parte de la audiencia mexicana ha recibido tan favorablemente esta cinta. Su fórmula, aunque ejecutada pobremente en términos cinematográficos, es perfecta para el público al que va dirigida. El drama simplista, que no requiere de mayores complicaciones para dimensionar una verdadera complejidad, permite identificar fácilmente la emoción que “se debe sentir” en cada momento, mientras que la comedia reproduce una tradición ya antaño comprobada como del agrado de los grandes públicos del país, basado en el albur, el juego simple de palabras y la comedia física.
Entre los fracasos más estrepitosos que ocurren en esta película, se encuentra el uso del lenguaje cinematográfico, limitado a una cámara en mano completamente descontextualizada, planos medios televisivos y planos cerrados en las expresiones de emoción de los personajes. Hay una sola secuencia que resulta interesante, si no original o genial, durante un interludio musical que representa el avance de los años. De la misma manera la música, aunque impostada y sin la más mínima sutileza, queda bastante ad hoc y definitivamente será identificada por la audiencia en su uso de canciones populares.
Si hay algo que se le puede reconocer, es lo bien identificada que está con lo que el mexicano se ha acostumbrado a relacionar con su propia cultura, desde la naturaleza de sus personajes, hasta referencias directas a ciertos detalles de gusto popular, entre ellas Lola la Trailera, Luis Miguel y hasta una breve aparición de Jesús Ochoa interpretándose a sí mismo al tiempo de un guiño a Alfonso Cuarón y su nueva película Gravity (trabajo por cierto infinitamente mejor, y con mucho más mérito para representar al país en la premiación de los Óscar y otros festivales de cine).
Definitivamente, No Se Aceptan Devoluciones es una película que agrada y seguirá agradando a muchos, pues funciona como epítome de aquello que la población se ha habituado a apropiarse e identificar con sigo misma. Sin embargo, está lejos de ser una buena película, ni siquiera una mediocre; El trabajo de Derbez es verdaderamente malo, sin posibilidad de redención.
Mi recomendación: Si eres fan de Derbez en Cuando, es para ti. Si no, puedes verla por puro morbo, aunque corres el riesgo de arrepentirte del gasto.
CE

DEJANOS TU COMENTARIO