Ayer Javier, Sonia y Jonathan fueron asesinados. Tres periodistas más a los 120 que han asesinado en los últimos 20 años, a los 37 que ya iban en el sexenio y a los 6 que en este 2017 nos han arrebatado.

Cuesta trabajo escribir y reponerse del impacto, cuando se da la noticia del asesinato de Javier Valdez, y luego, por la noche Sonia Córdoba y Jonathan Rodríguez, madre e hijo, subdirectora y reportero, son ultimados a balazos.

La barbarie nos está consumiendo. Un crimen contra un comunicador es más sangriento que el anterior y las pérdidas son más notables. Javier Valdez era un multipremiado escritor, periodista, su pluma nos dejó. Pero también es repudiable el crimen contra Sonia y Jonathan que informaban desde la sencillez y los problemas que planteaban un medio local como el semanario El Costeño de Jalisco.

En México parece que nada nos impacta. Ni las fosas, ni las desapariciones, ni las vidas arrebatadas en una mal llamada “Guerra contra el Narco”. Los periodistas, activistas por los derechos humanos, las madres de desaparecidos, todos, todos están muriendo con nuestra libertad, nuestro derecho a decidir y expresarse, de caminar libres por la calle.

Ni un teclazo, ni una foto, ni una columna como esta, que posiblemente se perderá ante la vorágine de información, podrán cambiar al mundo, al país o a su municipio; pero mientras existan inconformes, profesionales, luchadores que estén dispuestos a denunciar, a escribir y a narrar historias habrá una bocanada de aire puro para la sociedad.

Esta redacción trabajará bajo protesta, no es saludable el dejar de informar ante las crisis sociales. No podemos callarnos, no podemos claudicar, por la memoria de los compañeros caídos.

¿Hasta cuándo, Javier, habrá justicia para las 783 denuncias que lleva la Feadle?

¿Hasta cuándo, Sonia, le dolerá al ciudadano la pérdida de un periodista y se dará cuenta que con él muere un pedazo de la democracia?

¿Hasta cuándo, Jonathan, habrá garantías para un trabajo en pro de los Derechos Humanos?

¡Hasta siempre, Sonia! ¡Hasta siempre, Javier! ¡Hasta siempre, Jonathan!

 

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