Para Diego Osorno, cronista latinoamericano, la violencia no puede explicarse como una guerra de un cártel contra otro, sino que se deben buscar datos e historias que expliquen bien esta realidad.
“La palabra guerra en el sexenio pasado se volvió como deportiva, recuerdo que en 2007 en el periódico Reforma por ejemplo, a la gente se le preguntaba sobre la guerra y ésta estaba de acuerdo, pero ahora vemos que la guerra significa destrucción. Uno dice los Zetas y cada uno tiene una imagen distinta. Estas abstracciones reflejan nuestra zozobra, esa zona del miedo es la que el periodismo debe desgranar” dijo ante un lleno en el centro cultural Ágora en Xalapa.
Además Diego, quien tuvo que salir de su ciudad natal Monterrey hacia el extranjero por amenazas, explica que la realidad es compleja y humana donde los victimarios pueden convertirse en víctimas, y donde éstas tomaron un papel importante en la narrativa de los periódicos después de la Caravana por la Paz de Javier Sicilia.
“Yo recuerdo la historia de un frutero que empezó a buscar a los asesinos de sus hijos. Cuando éste dio con ellos se dio cuenta de que estos miserables violaban centroamericanas que venían en los trenes. Me dijo que iba a matarlos, que él sólo quería hacer su propia justicia, y que él se iba a entregar después, que él sólo quería hacer eso…hasta eso estamos llegando ahora, a una realidad donde las víctimas pueden ser victimarios…”
En una conversación moderada por el editor Diego Rabasa en el Hay Festival Xalapa, donde estuvieron además el salvadoreño Óscar Martínez y Gabriela Wiener de Perú estos charlaron una hora sobre su trabajo en la crónica, donde concordaron sobre la amplia tradición que ésta tiene en Latinoamérica.
Para Óscar Martínez, reportero salvadoreño de Diario El Faro, la crónica no es un pliegue de la destreza de un periodista para escribir bonito sino las herramientas de la literatura al servicio del reportero.
“Yo hice una historia sobre unos migrantes y cuando se lo di al editor me dijo que mis personajes no existían, ” contó Martínez en su intervención.
Además hizo un ejemplo de una crónica sobre este tipo de casos: Recuerdo la historia de un periodista que se llamaba Caracas sin nombre, una crónica donde se leían edificios sobre ríos de sangre en donde las personas se difuminaban, más que empatía y ponernos en simpatía con eso, nos aleja cuatro pasos de la realidad que queremos escuchar.
Por su parte Gabriela Wiener, a diferencia de los dos dice que no le interesa pertenecer al selecto club desde los periodistas, que ella escribe regularmente desde ella.
“En mis historias de alguna manera mi biografía se termina cruzando con la de los demás. En el caso de la historia donde mujeres donaban sus óvulos por dinero, cosa que yo también tuve que hacer para pagarme el máster, yo relato ahí todo lo que uno pasa por ello, como por ejemplo que después de eso tuve la sensación de que se me venían como diez menstruaciones…” relató.
Gabriela confesó que ella prefiere hacer esas historias de mujeres que sólo aparecen en revistas de psicología y para seres marginados.
Al final, en la ronda de preguntas y respuestas, un espectador preguntó si no creían la falta de crónica en los periódicos un problema y que ésta haya migrado a revistas de poca circulación.
Diego Osorno le respondió: Donde tú ves un problema para la crónica yo veo un problema para los dueños de los diarios. La tradición de la crónica es muy extensa, hay una generación nueva de periodistas que está luchando contra ese régimen del PRI que logró expulsar a los cronistas de las redacciones, ese que logró que el periodismo se haya vuelto oficioso y burocrático.

DEJANOS TU COMENTARIO