Dragon Ball: La Batalla de los Dioses. Risas y recuerdos
Sin duda una serie de televisión que formó parte de la infancia de varias generaciones (sobre todo la de los 90s) ha sido Dragon Ball. Legendaria no solo en México y su país de origen Japón, sino también en Estados Unidos y Sudamérica, la obra de Akira Toriyama es universalmente reconocida como un pilar de la industria del manga y el anime (historietas y series animadas japonesas).
Es un hecho que casi todos los niños que crecieron viendo el canal 5 por las tardes, recuerdan innumerables batallas, personajes y momentos especiales de una historia que ha formado infancias. Fantaseamos con el ki, con los ataques especiales como el Kamehameha o la Genki-dama levantamos los brazos para apoyar a Goku cuando cargaba su técnica especial y soñamos con volar por los cielos siguiendo los consejos que alguna vez explicara Gohan.
Recordando todos estos bellos momentos, no es difícil imaginar la expectativa que generó el saber que por primera vez en México, se proyectaría una película de DB en las salas nacionales, y no solo eso, una serie de datos y rumores incrementaron la emoción por el evento; Desde el supuesto lanzamiento de una nueva serie dependiendo el éxito que la película tuviera hasta la importancia de que fuera la primera película en ser proyectada en cines desde hace 17 años, La Batalla de los Dioses venía con toda la disposición de ser un regalo perfecto para todos esos ahora adultos que añoran los años de su infancia.
Como buen niño de los 90s, yo acudí a la premier en las salas de Plaza Américas y me parece importante dedicarle un comentario a esta película, ya no por su calidad o su maestría, sino por el significado que tendrá en todos los que fuimos para recordar viejos tiempos.
Si algo de entrada queda claro, es que no en vano han pasado más de 20 años desde el final de la serie animada. La calidad de la animación, aunque retiene el estilo y forma que todos recordamos en la historia original, los detalles han cambiado, hay más nitidez en la imagen y definitivamente una mejora en el sentido del movimiento.
La historia se mantiene fiel al patrón de las 17 películas anteriores. Un nuevo enemigo se manifiesta, su presencia significa un riesgo para el planeta y sus habitantes, por lo que los héroes de siempre deberán hacer todo lo posible por detenerlo. En este caso el antagonista es un “Dios de la Destrucción” de nombre Bills (Birus en la versión japonesa) quien junto con su ayudante Wiss (Uis) interrumpen la fiesta de cumpleaños de Bulma en su búsqueda por un dios sayayin que le de batalla.
El objetivo de la cinta es claro. No trata de ser una gran película de acción, ni de causar gran impacto en quien la vea, sino en causar nostalgia. Los guiños hacia momentos pasados y memorables de la serie no se detienen: Personajes que muchos pudieron olvidar que existían, la edad de Bulma, el recuerdo las travesuras del pequeño Goku, el superhéroe de Gohan. Esta película más bien cómica no está hecha para tomarse en serio, sino para reir y recordar lo que hizo entrañables a estos personajes.
Uno de los detalles más lindos, son las voces del doblaje, pues aunque no todas son las originales, las más importantes permanecen. Mario Castañeda, principalmente, revive al Goku que todos en México conocemos.
Con todo y lo agradable que representa a ver Dragon Ball en pantalla, hay problemas que se tienen que mencionar. Incluso teniendo en cuenta la intención de nostalgia y comedia que pretende evocar, la acción se queda corta, no por su tamaño, sino por su ritmo, demasiado pausado y poco envolvente. La ausencia de piezas musicales memorables también puede dejar con una insatisfacción a los fans más apegados.
En fin, hay que medir a esta película a partir de su propósito, que es el de recordar lo que fue la serie en la que se basa y hacer reír sin necesidad de una memoria de elefante. Mi consejo es tomarla como viene, es una película sin pretensiones, entretenida verdaderamente, y hecha como un verdadero guiño para los fans.
Mi recomendación: Vayan a verla al cine.
CE

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