Por José Calzada

Desde la campaña pasada los Yunes del PRI que quieren la gubernatura de Veracruz buscaron fortalecerse con candidatos que metieron con calzador a la contienda y que en su mayoría mordieron el polvo en la jornada electoral del 4 de junio, los aspirantes no pudieron con el lastre de la marca roja, con las sombras de Javier Duarte de Ochoa y en mucho, por la de Enrique Peña Nieto.

 

Hoy, los senadores, Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla se confrontan de nueva cuenta en un proceso interno con menos de 50 alcaldías de las cuales 16 son del Partido Verde, es decir, con apenas el 20 por ciento de las 212 presidencias municipales el tricolor buscará la gubernatura en el 2018 y lo cierto es que, ninguno de los Yunes tiene suficiente calidad y rentabilidad electoral para obtener el triunfo, más aun si se fracturan como sucedió en la elección pasada al gobierno del estado; el PRI deberá pensar en una opción distinta si quiere al menos, competir en materia electoral en la gubernatura y así, en todos los cargos que estarán en juego en el verano siguiente.

 

Héctor Yunes Landa que ya fue candidato al gobierno buscó colgarse de los candidatos a las alcaldías para hacer presencia en diferentes puntos de la geografía veracruzana, pero su esfuerzo no fructificó y luego, fue zarandeado con una presunta declaración del inquilino de Pacho Viejo, Arturo Bermúdez Zurita quien confesó saber que el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, le entrego más de mil 300 millones de pesos al entonces candidato a sucederlo.

 

La imagen del senador Yunes Landa no es en este momento la mejor, representa más de lo mismo, el mismo PRI que todos conocen y no cuenta con el plus de la rentabilidad electoral popular que le permita pelear siquiera por un segundo lugar. Empecinarse en obtener la candidatura a costa de todo, le hará muy mal a su partido y a su persona.

 

En el caso del senador José Francisco Yunes Zorrilla, está en igualdad de condiciones con el desprestigio de la marca roja y el propio, se trata de un priísta que al igual que Héctor trató de adjudicarse candidaturas y triunfos en la pasada elección de alcaldes, pero como lo describió una ex diputada su tibia personalidad le cierra el paso a la firmeza y no es creíble, su desgaste es evidente y tampoco le alcanzaría para una eventual lucha política con el PAN y con MORENA en la penta elección del 2018.

 

Los Yunes rojos pues, no tienen con qué participar en una elección de grandes ligas, es cierto que ganaron la elección para el Senado hace cinco años, pero eran condiciones muy distintas que ya no volverán. Si en algún momento la vida los iluminara de honestidad, una buena decisión será declinar por una figura nueva que empuje a la sociedad veracruzana a recuperar la credibilidad en ese partido, cosa que hoy por hoy, parece muy complicada.

 

Por si fuera poco, los dos senadores del PRI, se reunieron ayer con los pocos alcaldes electos de su partido con el afán de generar simpatías a su favor, pero en el fondo lo único que lograron fue ahondar la división entre ambos y entre los priístas, ya que una vez más buscaron medir fuerzas dentro de un minúsculo y desprestigiado círculo político veracruzano.

Y es que los presidentes municipales del tricolor que entrarán en funciones el próximo 1 de enero del 2018, no sienten tener un líder en el estado y por lo tanto, no están dispuestos a obedecer porque no existe un gobernador del PRI.

 

Los nuevos ediles del PRI se sentirán con derecho incluso, de impulsar candidaturas a las diputaciones locales y federales en virtud de que desde la Presidencia de la República, Senado, diputados federales, estarán de salida, debilitados y desgastados, muchos de ellos de plano no querrán saber nada más de política.

 

En este escenario, los Yunes poco podrán hacer para alcanzar la candidatura del Gobierno de Veracruz, en caso de que alguno de ellos la logre, no podrá superar ni las zancadillas internas ni la fuerza del PAN anclado desde el gobierno o de Andrés Manuel López Obrador que desde la presidencial de MORENA buscará los votos de los veracruzanos.

 

UN ARGENTINO INDÍGENA

 

Por encima de leyes escritas y no escritas, y seguramente por indicaciones del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, el secretario de Educación y Cultura, Enrique Pérez Rodríguez colocó en la Dirección de Educación Indígena, al argentino, Marcos Raúl Pessah Micha, algo inadmisible para la idiosincracia mexicana y más aún para la veracruzana.

 

Es cierto que los maestros que tomaron la SEV para reclamar la salida inmediata del argentino no cuestionan su capacidad que seguramente no conocen, pero sí su nacionalidad.

 

La designación del personaje en cuestión abona a la característica del bienio de atraer “talentos” de otros estados y ahora de otros países, se desconoce si se trata de un desprecio deliberado a la capacidad de los veracruzanos, o del cumplimiento a compromisos familiares, de compadrazgo o bien partidistas, pero al fin y al cabo no es un gobierno que privilegie a los veracruzanos.

 

Los articulados estatales y federales establecen las condiciones para los prestadores del servicio público, y aunque existan recovecos de la ley que permitan argumentos para nombrar al argentino en una posición directiva para un sector focalizado no justifica la necesidad de una persona que en verdad conozca a fondo la problemática indígena y de alta vulnerabilidad que exige más que conocimiento académico, exige por lo menos el dominio de sus lenguas para interpretar sus necesidades.

 

Es así como ahora, otro sector del magisterio veracruzano marca distancia con el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares.

 

plumanegra12@gmail.com

DEJANOS TU COMENTARIO