Francisco Canal, Francisco de Landero y Coss, Esteban Morales y José González Pagés, no solo son nombres de calles importantes en el puerto de Veracruz. Fueron personajes que hicieron historia en este municipio y se encuentran abandonados por la memoria en el Panteón Particular Veracruzano.

El administrador del lugar desde hace 4 años, Clemente Hernández Reyes, comentó que solo el 40 por ciento de las casi 10 mil fosas que existen en el lugar, son visitadas.

El panteón, fundado en 1895, alberga a ciudadanos comunes y corrientes, bomberos y policías muertos en el cumplimiento de su deber, y a mausoleos de las familias más influyentes económicamente hablando del puerto de Veracruz.

“Ahí están las plaquitas de los fallecidos, pero nadie viene” expresó.

En el pasillo central, de lado derecho se puede ver una pirámide de talavera azul. El hombre humilde que dio aviso a los policías de que los estadounidenses pisaban tierra jarocha para invadirla en 1914, está enterrado ahí.

El monumento mortuorio de Alejandro Sánchez “El Pelón” Díaz, hasta tiene una esquela dedicada por desconocidos en la parte posterior que reza “Debajo de esta tumba se están pulverizando los restos de un obrero, que fue luchador infatigable, y que siempre vivió para su patria y no de la patria”.

Por aquí y por allá pueden encontrarse lápidas con los nombres más insospechados. “Hay más personas que están por ahí, está Francisco Canal, Francisco Hernández y Hernández, Fernando Siliceo, Esteban Morales y otros más” explicó el administrador del camposanto.

Esteban Morales, por ejemplo, el fundador del Colegio Preparatorio en Veracruz y secretario particular de Benito Juárez durante su presidencia con sede en el puerto, posee un obelisco de mármol con fecha de 1908.

Sin embargo, su inscripción se halla fracturada. Lo mismo sucede con la lápida de mármol de José González Pagés, regidor del municipio en el siglo XIX y uno de los que acudió con Porfirio Díaz para que les permitiera derribar la muralla de la ciudad.

Invadidas por la hierba y los años, también están las tumbas de Francisco Landero y Coss, de Francisco Canal y hasta de Manuel Azueta, héroe de 1914, pues desde que fue exhumado del sitio, su tumba se desmejoró hasta quedar su mitad casi derruida.

Ciudadanos opinaron que debería enseñársele a los estudiantes la historia que guardan estas tumbas, haciendo recorridos educativos por el sitio. Otros hicieron un llamado a las autoridades para que las rehabilitaran.

El administrador no es optimista del caso. Recordó que hace 4 años pidió al Ayuntamiento colaboración para el mantenimiento del lugar, sin embargo le dijeron que no se podía, porque “era particular”. “Con eso me dijeron todo” señaló.

Pendientes quedan por descubrir las tumbas de los bomberos que murieron en los años 40 al apagar el fuego de un barco en el mar, o del arquitecto que trazó el puerto de Veracruz.

Ni el administrador recuerda donde están. Mientras tanto, la lluvia, en cada temporada sigue deslavando la tierra y sepultando aún más de lo que ya están, las últimas moradas de los ilustres veracruzanos.

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