Desde mis años de preparatoria, llegó a mí la noticia de que en Morelia, Michoacán, se estaba gestionando ya desde hacía unos años, un festival de cine, y no sólo eso, sino que era un festival internacional. Desde entonces, me entusiasmaba la idea de que un evento cinematográfico nacional pudiera algún día alcanzar el renombre que tienen festivales consolidados como el de Cannes, Viena o Berlín; Y más aún la cantidad de figuras que yo reconozco y admiro que podrían llegar a hacer acto de presencia en las alfombras de este evento.

Dicho y hecho, a lo largo de sus 11 años de existencia ha contado con la presencia de personajes de la cinematografía mundial tan reconocidos como Bella Tarr, Quentin Tarantino, Bruno Dumont, Steven Soderberg o Abbas Kiarostami (Todos ellos directores de renombre y talento). Además se cuenta el hecho de que poco a poco el FICM se ha convertido en uno de los eventos de este tipo más reconocidos en Latinoamérica, y a figurar entre los “grandes” de todo el mundo.

Como se entiende de esta admiración, se ha vuelto mi hábito asistir a este evento anual, además de estar pendiente de la cartelera y lista de invitados cuando eso no es posible. Este año hubo un detalle particularmente digno de mención: El estreno estelar (Gravity de Alfonso Cuarón) y el invitado de honor (Alejandro Jodorowsky) significan la importancia que han obtenido en la industria los creadores mexicanos, además de fortalecer la identidad del FICM en México.

Este año, tanto la cartelera como la lista de invitados resultan particularmente interesantes por la multiculturalidad de su selección, entre las que destacan los contrastes.

La excelsa pieza del polaco Pawel Pawlikowski, Ida, una road movie o película de viaje que trata sobre una huérfana que justo antes de ser hacer sus votos de ordenamiento en el convento en el que fue abandonada, emprende un viaje con su tía, último pariente vivo quien la expondrá a la vida en el mundo exterior. Con un estilo estricto, tratamiento adusto que junto con la interpretación de Joanna Kulig, cuenta una bella historia comparable en dimensiones y ejecución con Alicia en las Ciudades de Wim Wenders.

En contraposición directa, Gravity, de Alfonso Cuarón, emplea todos los ingenios de la tecnología moderna puestos a su cargo, para construir una pieza explosiva, impactante y abrumadora, estresante de principio a fin. Esta relata las dificultades por las que atraviesa una astronauta primeriza para salvar su vida después de que una catástrofe la deja a la deriva en el espacio.

Otros directores de renombre como el hongkongés Wong Kar-Wai, Steven Soderberg o Michael Curtis también estrenaron obras en este festival, cada uno de ellos único en su visión de la cinematografía y del arte fílmico.

No obstante, la logística del festival, así como la accesibilidad tienen aún sus asperezas por limar. La venta de los boletos fue desbloqueada una semana antes de la inauguración, en mi opinión, erróneamente, puesto que todos los boletos fueron puestos a la venta a través de internet, lo cual dificulta la admisión para el público que no cuenta con acceso a medios electrónicos de pago. Posteriormente, la limitada cantidad de salas dispuestas para proyección genera un horario bastante limitado dentro del cual inevitablemente, hay que sacrificar ver ciertas cintas a favor de otras, sobre todo teniendo en cuenta casos como el de “La Vie D’Adele” o La Vida de Adele, película ganadora de la palma de oro en el festival de Cannes (reconocido como el más importante a nivel mundial) la cual tiene una duración de 3 horas y una sola presentación para la duración entera del festival.

Si bien, los patrocinios tanto públicos como privados para el festival son bastantes, me parece que un evento con esta importancia cultural, no solo por su aspecto internacional, sino también por el interés nacional (concursos de largo, medio y cortometraje mexicano) deberían contar con una mayor accesibilidad, un evento al que puedan aspirar todos los que se sientan interesados y no solo los que tengan el poder económico y facilidades para hacer compras por internet y tarjeta de crédito.

A pesar de las dificultades, se pueden hacer ciertas exenciones puesto que el FICM sigue siendo un festival relativamente joven. Sin embargo, yo contaría con que aspirase para ser un espacio de cultivo para los intereses cinematográficos de todo tipo de sectores. La ciudad verdaderamente pone de su parte, pues se ha adoptado al festival como un ícono de ella, desde la hotelería hasta la publicidad en calles y asistencia plena a la mayoría de las funciones, tanto públicas como de costo.

Afortunadamente, la ciudad en completo genera oportunidades y espacios a partir de la presencia del FICM, con exposiciones callejeras de artes plásticas, muestras gastronómicas y ofertas nocturnas diversas. Gracias a estas conjunciones, la experiencia de visitar para presenciar este evento, es multifacética y rica. Dicho por un visitante que disfruta del cine y de la ciudad, siempre vale la pena darse el tiempo y la oportunidad para hacer este viaje.

Mi recomendación: Ahorrar, hacer tiempo, asistir.

CE

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